¿Qué ves cuando no ves? Es la pregunta (y el desafío) que propone el grupo Teatro Ciego, que brindó dos funciones a sala llena este viernes en el Teatro El Mangrullo. Los sentidos se agudizan al máximo para percibir hasta el más mínimo detalle de una historia que contiene varias historias en “Un viaje a ciegas”.

La obra narra los recuerdos de Don Martínez, un hombre ya entrado en años, que toma la dura decisión de vender su bar después de toda una vida. En la sala, provista de la oscuridad más absoluta, nunca vemos a Don Martínez, tampoco a Tina, Arturito, Rosendo y el maestro, los otros personajes de la obra. Pero a través del resto de los sentidos podemos identificar a cada uno de ellos, imaginarlos, “verlos” cómo están vestidos, cómo se mueven, qué hacen.

Risas, carcajadas y algún pequeño e inocente susto, despiertan en los espectadores sensaciones pocas veces exploradas y, a su vez, nos une a todos en la posición de ver sin ver, algo que a diario experimentan las personas no videntes, tal como son 3 de los 5 protagonistas.

Al cabo de la función, conversamos con César y Pía, dos de los protagonistas de esta obra híper recomendable. César (que es no vidente) explica que “es divertido transmitir algo no común para gente común”; Pía, en cambio, asegura seguir siendo “una de esas personas comunes que ve a esto como algo increíble”. También ahí radica el secreto de este éxito: para todos es un momento muy especial.

La compañía recorre todo el país llevando el Teatro Ciego al interior de la Argentina. “Nos acercamos a las provincias para que los que viven lejos de Capital puedan vivenciarlo, vivirlo, porque te pueden contar que fueron a ver teatro ciego, pero es muy difícil de explicarlo; es como la sal, si no la probás, no sabés como es”, sentencia César.

Guillermina Moroni, la Directora de Discapacidad, motor fundamental para que se concrete la llegada de este espectáculo a Bolívar, también está feliz por el resultado, explica que las entradas (que fueron gratuitas) para la primera función se agotaron en 3 horas y que por eso consiguieron una segunda función y cuenta que “la idea es poder visibilizar todo tipo de discapacidad a través del arte”.

Y así se termina Un viaje a ciegas, esperando que el tren de los sentidos vuelva a pasar.

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